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viernes, 29 de septiembre de 2017

Ahora.

La intensidad
de las palabras que
no
dicen
nada.
Balbuceo.

El silencio
del mar
el oleaje
que
viene
que
va
que
viene
que
va.

(Que echo de menos)

Cerveza que ya no sabe
y es que ya no sé
pero,
amo mi camino.

Cada piedra
es perfecta para el tropiezo.

Cada piedra
es
per
fec
ta.

lunes, 14 de marzo de 2016

Donde siempre.

Volví a pasar por la calle de siempre, aquella que recorría día tras día con la misma finalidad, crecer. (O intentarlo).
Volví a ver a aquel señor con su moto, la que admiraba y a los pocos minutos la debía volver a guardar.

Volví a pasar la noche en el bar de siempre, aquel que frecuentaba noche tras noche sin ninguna finalidad.
Volví a encontrarme a aquella mujer y sus movimientos, dejándose llevar por algún viento que los demás no conocíamos, y que nos dejaban a todos perplejos.

Volví a quedarme sola en la habitación de siempre, aquella que me acogió, con cariño, sin fin.
Volví a verme a mí, escribiendo en el tapete del escritorio, en aquella libreta de hojas recicladas, en aquellas tardes en las que me aferraba a cualquier resquicio que me recordara respirar.

Siempre cerca del mar, me hago la misma pregunta:

Quién dice que la locura no viene precedida de la verdadera felicidad.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Confieso mi amor.

Me despierto temprano. Pongo los pies en el frío suelo de mi habitación y se eriza toda mi piel. Qué sensación más extraña. Me pongo la sudadera y me preparo un café en la cocina. El sonido de la cafetera ya empieza a despertarme. Un suave aroma a café empieza a decirme que es hora de encenderme el primer cigarro del día mientras doy pequeños sorbos a la taza.

Me acerco a la ventana de la esquina, dirección al mar, y me enciendo el cigarrillo. Poco a poco, el mar empieza a volverse de un color cobrizo, poco a poco el cielo, poco a poco...

El día no se da por vencido, el sol vuelve a hacerse paso entre las nieblas marítimas y el olor a frío del rocío se mezcla entre el aroma de la cafeína y la nicotina.

Cierro los ojos y por un pequeño instante, escucho los barcos despertar y a las gaviotas reírse de mí, la estúpida levantada un domingo a las 7. Cierto es que hacía tiempo que no sentía algo así. Y la brisa del mar me peinaba a su manera y me hacía sonreír sin sentido alguno.

Pocos placeres de la vida se asemejan a este.

Siempre el mar curando mis heridas.

martes, 3 de noviembre de 2015

Notas importantes.

Entre papeles, fechas, datos y demás leyes que no se van a cumplir, escapan de mi cajón olvidado recuerdos que van a parar a mi sonrisa.

Sabor a manzana.
Amapolas en el campo.
Rayos de sol entre ramas
mientras las gotas de rocío
se derraman.

Recuerdos felices que las perdices se comieron. Dejando un rastro de dolor por el camino.

Pero de vez en cuando regresan para decirme que
no importa
nada importa
porque fueron felices.

Y eso sí importa.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Rimas de Bécquer

(...)

Pero a mí lo que más me gustaba era pasear mis uñas por tu espalda, subiendo y bajando, sintiendo cómo te erizabas y escuchaba tu sonrisa. Amaba el sonido de tu sonrisa más que nada en el mundo.

Recuerdo cuando me leías poesía y todo mi alrededor se volvía de color verde y marrón. Estoy convencida de que todo cambiaba cuando esas rimas de Bécquer sonaban con tu voz, yo sonreía y te oía sonreír.
Cuando me abrazabas fuerte, fuerte, tan fuerte, que sentía tu corazón latir y me decía que me quería. Entonces me acariciabas... y yo quería eso, yo no quería un ramo. Yo sólo quería tus caricias.

Nada más me importaba en el mundo cuando nos tapábamos con la sábana, nuestro refugio. Ahí yo no era ciega, ni discapacitada ni tenía una minusvalía. Ahí dentro estábamos tú y yo y nosotros, escuchándonos.
Ahí, todo lo demás, dejaba de tener sentido.

(...)

miércoles, 6 de agosto de 2014

Fragmentos inventados de noches olvidadas.

A menudo recuerdo:

(...)

Sacó las llaves del bolsillo cuando giramos la esquina antes de llegar al portal y recordé que yo también lo hacía, cuando estaba en casa. La nostalgia apareció hasta que el sonido de las llaves abriendo el portal me devolvió al momento. Me dejó pasar primero con esa sonrisa que tanto echo de menos para luego cerrar la puerta suavemente.
-¿Preparada?.- Preguntó antes de subir tres pisos por las escaleras.
Asentí poniendo el pie en el primer escalón Vamos, pensé.
Una más, otra más... y en el momento menos pensado él ya me había adelantado.
-¿No era yo la que había empezado primero?
-¡Es que te pesa el culo!.- Decía sacudiendo los brazos como un loco, y yo volví a sonreír como una niña pequeña viendo un payaso con la nariz roja.
Cuando llegamos a la puerta ya tenía las llaves en la mano preparadas para abrir y entrar al paraíso que era su casa. Lo primero que hicimos fue dejar las cosas en la sala y volver a salir de la casa para subir a la azotea y fumarnos un cigarrillo a la tenue luz de la luna. La contaminación lumínica se hacía eco en todos los lugares y nos robaba las estrellas, entonces yo volvía a recordar mi casa...
-¿Y esa cara que pones?
-Intento recordar las estrellas que veo desde mi casa y proyectarlas en este cielo triste... ¡Menos mal de la luna!
Un par de segundos le valieron para devolverme la alegría.
-No es tristeza, es enfado: Castiga a los que vivimos aquí por usar tanta luz. La luna sale porque la naturaleza es sabia...
-¿Y eso que tiene que ver?
-Es una amenaza: "Os hemos quitado las estrellas, os queda la luna, no hagáis que os la quitemos también".
Mil carcajadas salieron de mí. ¿Cuántas veces me hacía sonreír en un día? y sólo llevábamos un par de horas.
Un beso le bastó para decir sin decir: bajemos.

(...)

Y el resto es historia. Fueron noches para recordar de vez en cuando y olvidar cuando se pueda.

Sinceramente, siempre pensé que estaba más pendiente de no perder las llaves de su casa que de no perderme a mi.


jueves, 3 de julio de 2014

Ni rima, ni ritmo, ni orden.

No me peino, me da pereza
ando descalza por mi casa.
Dedos largos, mucha cara,
siempre en sueños y despistada.

No soy alta, no tengo luces
por eso me pierdo por las noches.
Odio los muros legales
los edificios y las catedrales.

Si hace frío me constipo
ni me tapo ni me administro.
Salgo mucho y no bebo
 a menudo miento un poco.

Prefiero hablar que callar
si me tengo que agachar acuéstate.
Pienso a menudo,
pero nunca tengo razón

No me gusta que me llamen
que me chillen, que me obliguen.
Me gusta el respeto
y pocas veces está suelto.

Si quiero algo, lo consigo,
si no quiero nada, lo destruyo.
Me acuesto desolada
y me despierto esperanzada.

Me pierdo por el camino
me encuentro pocas veces.
Disfruto buscando
aquello que nunca hubo.

Y cuando casualmente
me encuentro de repente
sé que no soy nada
y soy todo para mí.

Así soy yo,
sin rima,
sin ritmo,
sin orden.


jueves, 29 de mayo de 2014

Sonrisas por la ventana.

Sonaba el piano de fondo mientras yo miraba por la ventana. No me fijaba en nada, simplemente miraba cómo la gente pasaba de un lado a otro, como los pensamientos por mi cabeza.
Aquella melodía me hacía recordar muchas cosas y yo hacía caso omiso a todo. No quería detenerme, tampoco correr. Aún así, hubo varios momentos en los que puse el pause para reflexionar en todo ello.

Recordé el día de su despedida con todo detalle: El sol, el cielo azul, el viento que se llevaba mis lágrimas, mis labios temblando, su mirada diciendo adiós... Aquel mismo día mi corazón se hizo de acero. Poco a poco el sol empezó a esconderse y tampoco quería que saliera. ¡Para qué quiero que brille el sol! Chillaba mi corazón creando el caparazón.
Tris tras...
Pensé en destruir todo a mi paso, pensé en arrasarlo todo, pensé en esconder todo lo que había tras esa roca en el pecho.

La música seguía y me paré a escucharla. Esa melodía llamó a otro recuerdo: Tras la desolación, no recordaba lo que era amar, ni siquiera lo que era amarse a sí mismo. Pero tras un tiempo empecé a hacerlo, y la canción sonaba tan suave y dulce como aquel día en que lo conseguí.
Una sonrisa se dibujó en mi cara y sentí el corazón latir, ahí, vivo y con ganas de vivir. Aquel día el sol salió y empecé a desear que saliera todos los días.

Cerré la ventana. Vi el reloj, era la hora. Cogí la maleta ya hecha y salí por la puerta para irme al aeropuerto, una etapa había finalizado y empezaba otra. No sabía lo que me esperaba, sólo sabía que me esperaba toda una vida por vivir.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Doce y cero seis del cinco del tres de dos mil catorce.

Sensación de volar:
Anhelo de muchos humanos.
Liberado de motores y bienes.
Más cerca de la luz del sol,
más cerca de una pequeña y minúscula idea
de lo que puede ser la libertad.

Sueños que pueden alcanzarse,
sentimientos que llenan, en vez de destruir:
Anhelo de muchos humanos.
Rozando la felicidad
sin miedo a lo que el mañana pueda traer
pues hoy es lo único que importa.

Palabras que tocan en lo profundo del ser:
Anhelo de muchos humanos.
Despertar sin recordar el pasado que nos hirió,
saber que nunca más volverá y que
es posible recordarlo sin dolor.

Escribir sin pausa,
todo lo que se me ocurre,
plasmar mis pensamientos
y no pensar en nada más que
ser dueña de mis ilusiones alcanzables.


jueves, 6 de febrero de 2014

La historia del Bicho Raro en el lugar adecuado.

Hubo un tiempo en el que todo estaba resuelto. No había preguntas, ni respuestas, ni situaciones para plantearse preguntas y todo parecía marchar sobre ruedas.
Hubo un lugar en el que toda la teoría podía llevarse a la práctica sin error alguno, un lugar en el que nada iba en contra de nada.

Ahora, una ciudad al otro lado de la ventana y, en el opuesto, alguien que pensaba haberse encontrado y no resultó ser cierto.
No se complicaron las cosas, aparecieron las preguntas, la sed de respuestas, las situaciones que creaban más preguntas y teorías que no encajaban con la práctica.
¿Será un bicho raro? ¿En un lugar adecuado? ¿O en un lugar equivocado?

"La gente de mi alrededor no hablaba el mismo idioma y me pierdo con tanto giro de espaldas."

Pero Bicho Raro, seguía sin comprender: Las infraestructuras estaban en su idioma, hechas a medida y con paredes que tenían conversaciones que al bicho raro le interesaba.
Muchas preguntas rondaban en su cabeza:

¿Qué falla en este lugar?: ¿Soy yo? ¿Es la materia? ¿Son ellos? ¿Mi utopía alcanzable? ¿Sus bocas abiertas y sus mentes cerradas?
¡Ahá!

"Sus bocas abiertas y sus mentes cerradas..." Se repetía el Bicho Raro en su cabeza

Eso no iba a solucionar los problemas de Bicho Raro. Incluso, si se ponía egoísta, Bicho Raro podía deducir que no tenía ningún problema, lo tenían los demás.

Hubo un tiempo en el que Bicho Raro pensó haberse encontrado y se perdió con tanta normalidad...
Hubo un lugar en el que Bicho Raro perdió mucha fe en su especie, en el que se dio cuenta de que no todos pensaban como Bicho Raro, un lugar donde todo chillaba los principios que Bicho Raro defendía.

Pero Bicho Raro no se asusta, sabe que está en el lugar adecuado.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Nada que no sepas, pero todo aquello que desconoces.

Querida:

La vida es la vida misma... el mundo que da vueltas y hace que el sol se ponga y la luna vuele. Las hojas del otoño que un día fueron verdes y hoy se encuentran bajo tus pies, el viento que sopla en la orilla del mar y tu inhalas.
La vida no es otra cosa que los sueños que alcanzas día tras día, las sonrisas que aprovechas y los suspiros que salen del corazón.

El dolor que mantienes en el pecho no es más que la pista perdida de que estás viviendo.
Te prometo que todo vale. La lágrima que anhela la realidad del recuerdo, las comisuras de tus labios atrapadas por la gravedad y que tardarán en despegar, tus uñas inexistentes, tus huesos marcados...
No te rindas ahora.

Volverá la primavera a salvarte del invierno y nacerán las amapolas al rededor de tu camino. Sal del camino a caminar.

No marques pautas, sigue tus pasos.
La vida es... Lo único que te da sentido.






martes, 22 de octubre de 2013

Vaivén de palabras

Ahí estás, en la orilla del mar.

Yo escuchando el sonido de las olas
y viendo tu pelo danzar.

Entonces soy feliz. Te siento libre.

Tú te sientas, inspiras, sonríes y expiras.
Disfrutas del agua en los pies.

En frente el mar inmenso.
Tú: pequeña,y
inmersa en ti.

Pensamientos que recorren tu cabeza
y se pierden en el horizonte.

Si no te cura el mar,
no te cura nada.

Chica,
observo tu pelo bailar al son del vaivén.

Ay, chica, cómo me gusta verte frente al mar:
¡Todo en ti es él!

Te giras,
me sonríes.

Yo me vuelvo agua, me filtro en la arena.

Desaparezco frente a ti,
y tus ojos se humedecen.

Precioso final de la mota de arena en tu ojos.

Chica,
tápate el corazón.

domingo, 24 de febrero de 2013

Descubrí la felicidad en su mirada.

Su mirada, perdida al final del horizonte, reflejaba el atardecer de aquélla tarde de Marzo.
Ya empezaba el buen tiempo y se notaba en su comportamiento. Estaba alegre, impregnaba el lugar del perfume que siempre solía llevar y todo parecía mejor.

Hacía tanto tiempo que no la sentía así. Sentía cada sonrisa que escondia entre sus labios y lo que más me gustaba era la sinceridad que poseían. Sentimientos puros.

Aquella tarde, mientras veía el crepúsculo en sus ojos, me contó un secreto que mantendré siempre dentro de mí.

"Ser feliz es serlo ahora. Nadie es feliz si no lo es mientras lo dice.
En eso consta la felicidad, es tan sencillo que nadie se da cuenta.
Soy feliz ahora."

domingo, 3 de febrero de 2013

Recuerdos nocturnos de un pensador resucitado.

En la noche más larga, sintió la tranquilidad.
Ésa noche, el tiempo pasaba a su favor.

En la noche que duró días, él estaba sentado frente a la ventana, viendo el mar y escuchando las olas hablar con la orilla. Veía la Luna, iluminando hábilmente el cielo para, aún así, ser ella el centro de atención.

Pasó horas despierto, frente a la ventana. Incapaz de conciliar el sueño de lo feliz que era.
A menudo, ser feliz no le permitía dormir. Era feliz y maquinaba cómo serlo cada vez más, junto a la estampa nocturna y la Luna como musa.

En la noche que siempre recordará, decidió por primera vez ser dueño.
Ser dueño de sus tristezas.
Ser dueño de sus alegrías.
De su felicidad.
Pero, ser él, el principal y único responsable de sus actos y sus consecuencias.


Así siempre sería capaz de recordar el cuadro de aquella noche.
La noche en la que mar, cielo y Luna se reunieron para inspirar al más triste de los hombres.


miércoles, 30 de enero de 2013

Crónicas de un enfermo crónico.

Ni el más enfermo de los locos podría entenderlo.

"Supuse que la soledad es como la noche sin luna, no como el día sin sol.
Pero una noche sin luna es lo mismo que un día sin sol.
Entonces, ¿Qué es la soledad?

Una piruleta sin azúcar. Un beso sin labios. Una caricia sin manos.
Es aún peor.

La soledad eres tú en tu compañía. 

¡Tú!

Y si tú no quieres estar contigo, estás solo.

Vencer la soledad es vencer el miedo a encontrarte."

Yo me encontré y no supe qué decir.


(Y si no tengo nada que decir, es porque no necesito más que el silencio que me aporta la palabra no pronunciada)

martes, 18 de diciembre de 2012

Del sueño a la realidad, lo más difícil: Despertar.

La noche trajo sus estrellas y bajo su manto estuve soñando. Poco a poco la luna y sus doncellas dieron paso al sol y el día volvió.
Los días siempre vuelven, qué reconfortante sentir esa fidelidad de la vida.
Hoy es el día y la noche, posteriormente.
Hoy me despegué las mantas, aquellas que me incitan a soñar, y me apresuraron los zapatos para marcar mis pasos. Me chilló la ropa que no soy un animal y el reloj me mostró cómo corría el tiempo.
¡Qué prisa siempre!
Los días siempre vuelven, pero nunca el mismo.
Así que hoy es el día.

Hoy maldeciré otra vez mis alas escondidas, pero volaré con las que imagino tener.
Buscaré la verdad de mis razones, los fundamentos de mi vida y el escondite perfecto para guardarme en soledad(aquella tan dulce que duele).
Tal vez hoy me equivoque o puede que de en el blanco. Pero, ¿qué blanco es el más blanco?
Hoy no quiero nada.
Quiero todo.

Suerte disfrutar del día.
¿Suerte?
Qué me importa definir. Hoy decidí, sobre todo, vivir.
Y al crepúsculo, la luna volverá a invitarme para pasar la noche con ella. Y yo, como siempre, volveré a caer. Rendida entre sus sábanas, agotada de vivir.
Despertar y no sentirla a mi lado. Destrozarme.
Que me consuele el sol, que hoy ha vuelto y merece la pena.


miércoles, 31 de octubre de 2012

Es belleza el dolor.

Había una vez que se encontraba bien.
Había una vez que soñaba.
Hubo muchas veces que lloraba.
Pero, había una vez, una delicada cascada. Una cascada imponente, grande, preciosa... Pero esa cascada suponía una gran caída.
Había una vez una cascada que no estaba acostumbrada a caer tan hondo cada día. No podía entender cómo de estar en lo más alto, caía y caía hasta ahogarse en ella misma.
Pasaban los días y ella no paraba de llorar. Ella quería ser feliz siempre.
Hubo una vez, un día de Sol. Un Sol contento, que observaba el mundo entero despertar. ¡Cómo le gusta!
La cascada lloraba y el Sol le preguntó:
-¿Pequeña, porqué lloras?
La cascada, asombrada porque el Sol le hablaba, contestó con timidez:
-Estoy condenada a hundirme.
Reía el Sol a carcajadas. La cascada lloraba y lloraba, reflejando en sus lágrimas los rayos de esperanza.
-No estás condenada a hundirte. Estás aquí para cautivarnos con tu hermosura, tu sonido, tu olor, con los arcoiris que se forman en tus pies y trepan por tu melena. No llores bonita, es sólo la belleza tu dolor.
La cascada se alegró tanto que, llegada la primavera, más agitaba la melena, llenaba el silencio de su música y disfrutaba al caer cada segundo de su corta caída y largo camino.