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martes, 10 de febrero de 2015

Libertad herida.

Si tuviese que describir mi vida en un momento, hablaría del 19 de Noviembre de 2012.

Recuerdo que me metí en el baño hiperventilando, con las manos en la cabeza intentando relajarme. Me miré al espejo y no vi más que la cara de una loca enfermiza: Los ojos muy abiertos, los labios con la piel escamada y unas ojeras que resaltaban demasiado con el color blanco de la cara. La hipervetilación no cesaba e intenté parar el movimiento de mi pecho con las manos. Me apoyé en la pared y poco a poco fui deslizándome hasta tocar el suelo y quedar completamente tumbada.
El techo parecía tan lejano... intenté cerrar los ojos y calmarme. Y ahí lo vi todo.

De repente, mi mente creó el peor escenario en el que yo podía encontrarme:
Estaba desnuda ante toda esa gente... Conocidos y desconocidos no paraban de reírse de mí y yo no tenía manera de escapar. Sé que bajé unas escaleras en las que nunca cambiaba de lugar y la gente aún podía verme y seguir divirtiéndose con la escena. Chillé, pedí auxilio... De repente me paré, miré a cada uno de aquellos que conformaban el público y dije adiós. Como si de una camisa se tratara, desgarré mi pecho con las uñas, haciendo un surco del cual salieron millones y millones de mariposas negras. Pero de poco sirvió mi asombro cuando percaté que esas mariposas daban dos aleteos y caían desvanecidas sobre mis pies. Mi adiós no había servido para nada, me tiré contra las tablas de aquel escenario y empecé a llorar.

Abrí los ojos y vi aquel techo tan lejano de nuevo...


Como todo, excepto las ganas de destruirme.

miércoles, 30 de julio de 2014

Ser.

Algunos son gotas que caen del cielo y en su corta existencia sólo observan la caída para, finalmente, estamparse contra el suelo.

Otros, hojas de otoño que no sobrevivieron la belleza de la primavera y ahora yacen frías en el suelo creando el próximo devenir.

Hay personas sueños, que desearían permanecer en la memoria pero, trágicamente, de un día para otro no recuerdan quiénes fueron y porqué ya que, realmente, nunca fueron.

Y luego, mis personas preferidas, las personas crepúsculo: Aquellas que van y vienen para dar paso a la Luna pero se mantienen eternas para dar luz y oscuridad.

Sé la persona que quieras ser.

jueves, 29 de mayo de 2014

Sonrisas por la ventana.

Sonaba el piano de fondo mientras yo miraba por la ventana. No me fijaba en nada, simplemente miraba cómo la gente pasaba de un lado a otro, como los pensamientos por mi cabeza.
Aquella melodía me hacía recordar muchas cosas y yo hacía caso omiso a todo. No quería detenerme, tampoco correr. Aún así, hubo varios momentos en los que puse el pause para reflexionar en todo ello.

Recordé el día de su despedida con todo detalle: El sol, el cielo azul, el viento que se llevaba mis lágrimas, mis labios temblando, su mirada diciendo adiós... Aquel mismo día mi corazón se hizo de acero. Poco a poco el sol empezó a esconderse y tampoco quería que saliera. ¡Para qué quiero que brille el sol! Chillaba mi corazón creando el caparazón.
Tris tras...
Pensé en destruir todo a mi paso, pensé en arrasarlo todo, pensé en esconder todo lo que había tras esa roca en el pecho.

La música seguía y me paré a escucharla. Esa melodía llamó a otro recuerdo: Tras la desolación, no recordaba lo que era amar, ni siquiera lo que era amarse a sí mismo. Pero tras un tiempo empecé a hacerlo, y la canción sonaba tan suave y dulce como aquel día en que lo conseguí.
Una sonrisa se dibujó en mi cara y sentí el corazón latir, ahí, vivo y con ganas de vivir. Aquel día el sol salió y empecé a desear que saliera todos los días.

Cerré la ventana. Vi el reloj, era la hora. Cogí la maleta ya hecha y salí por la puerta para irme al aeropuerto, una etapa había finalizado y empezaba otra. No sabía lo que me esperaba, sólo sabía que me esperaba toda una vida por vivir.


martes, 21 de enero de 2014

Hojas de otoño que pasan por mi ventana.

Está lloviendo y observo por la ventana cómo los charcos tiemblan mientras te recuerdo y surge un sentimiento que no sabría etiquetar. No te echo de menos, no me faltas, me molestan los recuerdos.
La luna saliendo a llamaradas del mar, el sabor de manzana...

Pero mi vida ya no es como antes, ya no está vacía sin ti, la llené yo misma con las ilusiones que debí buscar tiempo atrás, con metas que quiero llegar a alcanzar y esperanzas vivas.

Aún así te recuerdo y no puedo evitar que se me llene el estómago de anhelos, de cosas que fueron y dejaron de existir. Recuerdo los momentos que pasé cuando desapareciste y me doy cuenta de que en una semana recuperé todo lo que no había conseguido tener.

Miro por la ventana y aún caen hojas de otoño sobre los charcos.
Hojas que ya fueron funcionales en su momento pero que reaparecen de la nada, recordando que el otoño existe y ya pasó.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Nada que no sepas, pero todo aquello que desconoces.

Querida:

La vida es la vida misma... el mundo que da vueltas y hace que el sol se ponga y la luna vuele. Las hojas del otoño que un día fueron verdes y hoy se encuentran bajo tus pies, el viento que sopla en la orilla del mar y tu inhalas.
La vida no es otra cosa que los sueños que alcanzas día tras día, las sonrisas que aprovechas y los suspiros que salen del corazón.

El dolor que mantienes en el pecho no es más que la pista perdida de que estás viviendo.
Te prometo que todo vale. La lágrima que anhela la realidad del recuerdo, las comisuras de tus labios atrapadas por la gravedad y que tardarán en despegar, tus uñas inexistentes, tus huesos marcados...
No te rindas ahora.

Volverá la primavera a salvarte del invierno y nacerán las amapolas al rededor de tu camino. Sal del camino a caminar.

No marques pautas, sigue tus pasos.
La vida es... Lo único que te da sentido.






jueves, 31 de octubre de 2013

No tengo nada más que decir.

-Buenos días Miguel, siéntate y cuéntame qué tal la semana. ¿Algo que quieras destacar?

Mantuve silencio durante unos segundos, pero tenía muy claro qué era lo que le quería contar de la semana. Me gustaba repasar las palabras antes de que salieran de la boca y tantas veces lo había hecho que a menudo perdían sentido.

-Sí.

El silencio volvió a hacerse presente, quería que él me preguntara para empezar. No precipitarme era la base de mi filosofía. La meditación, el silencio y la espera: Los pilares que me sujetaban.

-¿Y bien?

-Fui al centro con ella, nos divertimos, comimos juntos. Todo sobre ruedas. Pero a la vuelta no sé que pasó pero sentí... sentí... ay.

-Tómate tu tiempo.

No hacía falta que él me diera permiso para ello, yo ya iba a tomármelo. Sufrí, no sabía cómo explicarle lo que sentía así que recurrí a las metáforas.

-Sentí aquello que se siente cuando estás frente a un mago y hace un truco de magia espectacular. Sabes que tiene que haber un truco, pero tú has estado allí y... ¡No has visto nada que pueda corroborarlo!

Ahora el que mantuvo silencio fue él. Una extraña sensación de odio me invadía cuando no era yo quien lo provocaba.

-¿Qué fue el desencadenante de ese sentimiento?

-Me preguntó desafiante si sabía qué era lo mas difícil de la vida.

-¿Y bien?

No soportaba esa expresión. ¡No hay nada bien!

-Le dije que no, no lo sabía. -Me costaba continuar, no quería volver a los sentimientos. Pero debía aprender a enfrentarme a ellos.- Creo que ni siquiera estaba preparado para querer saberlo, pero ella me contestó: Lo más difícil de la vida es vivir disfrutando, pero aceptando que al final todo desaparecerá.

-¿Crees que tiene razón?

Preguntó nada más haberle explicado la situación. No esperaba esa cuestión, creía que iba a preguntarme qué le contesté. No me había parado a pensar si tenía razón o no. Así que no contesté pasado unos minutos, unos minutos intensos. Debía pensar bien qué responder, la respuesta iba a condicionarme y no estaba dispuesto a decir cualquier estupidez.

-No. Lo más difícil de la vida será seguir existiendo cuando ella desaparezca.


jueves, 25 de julio de 2013

Déjame que te explique.

Muchas veces la gente me preguntaba cuál era mi modo de vida. Yo simplificaba la respuesta: Como una nube.
Para variar, la gente me pedía una explicación. Yo simplificaba la respuesta: Vivo flotando.
Volvían a perderse, no me entendían. Pero ya no se atrevían a formular una tercera pregunta, vivir en la ignorancia les hace más felices.

Y así vivía y vivo yo: Como una nube, vivo flotando.
Hoy, sólo hoy, voy a explicarme para vosotros:
Dejando rastro por donde paso, sin encontrar nada que me sujete, observando mi alrededor, adaptándome a las contradicciones, positiva y llena de energía.

Pero no todo son beneficios.
A veces te encuentras sola en el cielo, flotando, sin nada que te sujete y las cuestiones más dolorosas se plantean a menudo: ¿A dónde voy? ¿Es dónde yo quiero? ¿Porqué me dejo llevar? ¿Hay alguien que quiera venir conmigo? ¿Estoy sola?

Ser una nube es difícil y fácil a la vez. Contradictorio:

Como la vida misma.



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Margaritas para la más bonita.

La avenida quince se postraba ante él.
Quién podría imaginar que sus pasos más importantes en la vida habían surgido en esta misma calle de dos carriles, limitada por edificios, no más de tres metros de alto, y aquella floristería.
Si, ésta floristería... Maldita sea.
Paró en el escaparate y viéndose reflejado se alegró de su vejez.
Parecía un hombre más bueno con esas flores al rededor y olor que desprendían.
Hizo una inspiración profunda y, al tiempo de la expiración, su mano acariciaba su espesa barba blanca.
Maldita sea el pelo, ya podría haberse quedado en la cabeza. La vida es injusta.
Todos conocemos la injusticia de la vida, pero ése hombre, era capaz de vivir aceptándola.
Decidió entrar en la floristería, dispuesto, sólamente, a respirar aquel aire invadido de flores. Cuánto lo echaba de menos.
-¿Desea algo, señor?-Preguntó la dependienta.
Maldita sea.
-No, gracias, sólo quiero mirar.
La señorita asintió y volvió tras el mostrador, a la espera de nuevos clientes a los que acechar y no caer presa del aburrimiento matutino.
Tras media hora, el hombre seguía observando cada una de las flores: se paraba, la miraba, la tocaba suavemente y, finalmente, respiraba el fresco aroma.
-Perdone señor pero...-
-Lo sé, lo sé, no puedo estar aquí si no compro nada.-El hombre buscó su cartera y sacó 5 euros.-Aquí tiene, señorita, me llevo esta margarita.
-Lo siento, no se venden sueltas.
-Mire, señorita, le doy cinco euros por ella pudiéndome ir al campo para elegir la más hermosa entre millones a ningún precio y, usted, con total imparcialidad, me dice que no puedo comprar una margarita a ese precio porque no se venden sueltas. ¡Maldita sea! ¡Qué injusta es la vida!.
Finalmente, la dependienta aceptó. El hombre salió de la floristería y volvió a quedarse en frente del escaparate.
La vida es injusta, querida, pero aquí estoy. Con una margarita preciosa en mi mano, como cuando lo estabas tú, rodeado de flores, reflejado en el espejo y viéndome mayor, recordando tu olor en nuestra floristería. Tú no estás a mi lado, pero yo te siento cerca.
Margarita en mano, recordando a su esposa y con cinco euros de menos, emprendió en camino a casa mientras añora el pasado, vive el presente y recibe el futuro.


jueves, 18 de octubre de 2012

Raíles.

Dicen que la vida es un tren que tienes que coger. Trenes que pasan y tienes que subirte al tren de la felicidad. ¿Qué clase de comparación es ésta?
La vida no es ningún tren. Los trenes van y vienen, y la vida es permanencia hasta el final.
La vida es la estación y tú no debes subir a ningún tren. El tren es la metáfora de los eventos. El tren para en la estación para traer mercancía o simplemente para que veas pasar ese tren tan bonito. Vienen, van... La locomotora que no permanezca en tu estación no merece estar en ella. Sólo las mercancías o los trenes que permanezcan sí que merecen una atención.
Permanezco en la estación viendo pasar los trenes y sintiendo el tiempo correr. Se me escapa todo de las manos, supongo que no vale la pena. Ni siquiera el tiempo importa lo suficiente, pues el tiempo huye. Tiene miedo de las personas, no quiere mantenerse. El tiempo es un invento y quiere suicidarse.
Yo tengo miedo de que las mercancías que ya hay en mi estación sean sólo paquetes vacíos. No hay muchos paquetes, pero algunos son muy importantes, pues son paquetes de recuerdos. También hay paquetes que no quiero que se vayan. Pero si se van, me olvidaré de ellos como ellos se olvidaron de mi. La melancolía no es lo mío.
Vacío y silencio.
Y estoy aquí sentada, esperando el siguiente tren para que traiga sentimientos que perdí y personas que debo encontrar.