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lunes, 29 de febrero de 2016

Mar, Sol y Luna en la ciudad.

Hoy el cielo está de fiesta, vestido de colores al atardecer.

Las ramas de los árboles zarandean, están llamando a la primavera.

Los edificios se insinúan dejando su silueta entrever.

La vida empieza a estar entera.

La ventana es un nuevo cuadro en mi habitación.

Y poco a poco siento que me dejo llevar.

Cierro los ojos, empiezo a evadirme de este rincón.

Despacito, el Sol, muy lejos de donde estoy se esconde tras el Mar.

Aquel Mar que me llama y me empieza a provocar.

Aquel Sol que me dice que ya toca.

Que la Luna vuelva.

Porque me tiene loca.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Confieso mi amor.

Me despierto temprano. Pongo los pies en el frío suelo de mi habitación y se eriza toda mi piel. Qué sensación más extraña. Me pongo la sudadera y me preparo un café en la cocina. El sonido de la cafetera ya empieza a despertarme. Un suave aroma a café empieza a decirme que es hora de encenderme el primer cigarro del día mientras doy pequeños sorbos a la taza.

Me acerco a la ventana de la esquina, dirección al mar, y me enciendo el cigarrillo. Poco a poco, el mar empieza a volverse de un color cobrizo, poco a poco el cielo, poco a poco...

El día no se da por vencido, el sol vuelve a hacerse paso entre las nieblas marítimas y el olor a frío del rocío se mezcla entre el aroma de la cafeína y la nicotina.

Cierro los ojos y por un pequeño instante, escucho los barcos despertar y a las gaviotas reírse de mí, la estúpida levantada un domingo a las 7. Cierto es que hacía tiempo que no sentía algo así. Y la brisa del mar me peinaba a su manera y me hacía sonreír sin sentido alguno.

Pocos placeres de la vida se asemejan a este.

Siempre el mar curando mis heridas.

jueves, 29 de mayo de 2014

Sonrisas por la ventana.

Sonaba el piano de fondo mientras yo miraba por la ventana. No me fijaba en nada, simplemente miraba cómo la gente pasaba de un lado a otro, como los pensamientos por mi cabeza.
Aquella melodía me hacía recordar muchas cosas y yo hacía caso omiso a todo. No quería detenerme, tampoco correr. Aún así, hubo varios momentos en los que puse el pause para reflexionar en todo ello.

Recordé el día de su despedida con todo detalle: El sol, el cielo azul, el viento que se llevaba mis lágrimas, mis labios temblando, su mirada diciendo adiós... Aquel mismo día mi corazón se hizo de acero. Poco a poco el sol empezó a esconderse y tampoco quería que saliera. ¡Para qué quiero que brille el sol! Chillaba mi corazón creando el caparazón.
Tris tras...
Pensé en destruir todo a mi paso, pensé en arrasarlo todo, pensé en esconder todo lo que había tras esa roca en el pecho.

La música seguía y me paré a escucharla. Esa melodía llamó a otro recuerdo: Tras la desolación, no recordaba lo que era amar, ni siquiera lo que era amarse a sí mismo. Pero tras un tiempo empecé a hacerlo, y la canción sonaba tan suave y dulce como aquel día en que lo conseguí.
Una sonrisa se dibujó en mi cara y sentí el corazón latir, ahí, vivo y con ganas de vivir. Aquel día el sol salió y empecé a desear que saliera todos los días.

Cerré la ventana. Vi el reloj, era la hora. Cogí la maleta ya hecha y salí por la puerta para irme al aeropuerto, una etapa había finalizado y empezaba otra. No sabía lo que me esperaba, sólo sabía que me esperaba toda una vida por vivir.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Doce y cero seis del cinco del tres de dos mil catorce.

Sensación de volar:
Anhelo de muchos humanos.
Liberado de motores y bienes.
Más cerca de la luz del sol,
más cerca de una pequeña y minúscula idea
de lo que puede ser la libertad.

Sueños que pueden alcanzarse,
sentimientos que llenan, en vez de destruir:
Anhelo de muchos humanos.
Rozando la felicidad
sin miedo a lo que el mañana pueda traer
pues hoy es lo único que importa.

Palabras que tocan en lo profundo del ser:
Anhelo de muchos humanos.
Despertar sin recordar el pasado que nos hirió,
saber que nunca más volverá y que
es posible recordarlo sin dolor.

Escribir sin pausa,
todo lo que se me ocurre,
plasmar mis pensamientos
y no pensar en nada más que
ser dueña de mis ilusiones alcanzables.


lunes, 20 de mayo de 2013

El día de mi no-muerte.

Recuerdo aquel día como si fuera ayer.

Yo no era soldado, pero fui  destinado a luchar en la guerra contra el bando comunista.
No estaba en mi lugar. Me sentía desplazado y, sobre todo, tuve mucho miedo. Fue un miedo cumplido.
En algún momento que no recuerdo, ni llegaré a recordar, una bala de calibre 38 disparada por un revólver Magnum me atravesó la cabeza.

La gente iba diciendo que yo había muerto luchando por el país. ¿Qué tontería era esa? Yo había muerto porque me habían atravesado con una bala. Qué estupideces se pueden llegar a escuchar a lo largo de tu no-vida.

Aún así, yo no morí ese día. De hecho, aún no me he muerto y dudo que algún día pueda llegar a morir
Mucho antes de ir al frente, yo era escritor. !No era soldado!

"Soldado, Sol dado. Te dan el Sol, el Sol me es dado". Reflexionaba todas las noches. ¿Cómo a alguien que se dedicaba a matar le podían dar el sol?. Una noche de verano, conseguí responder mi pregunta: El mundo está mal comprendido.

Yo, que era escritor, no fui capaz de darme cuenta de esa verdad hasta que no estuve matando. !Qué mal comprendido está el mundo!

Mis libros relataban metafóricamente mis vivencias, creencias y opiniones ocultas en un mar tempestuoso de tramas.
Recuerdo los días en que la inspiración me llegaba, de repente, sin avisar a la puerta. Entonces, le daba la bienvenida y la dejaba volar otra vez.
"Si consigues un pájaro, déjalo libre. Si no regresa nunca fue tuyo, si no es el caso, te pertenecerá para siempre" Me dijo mi abuela.
Eso es lo que yo hacía con la inspiración. Atraparla entre mis manos y soltarla de nuevo.

Ella siempre volvía.

(...)


jueves, 21 de febrero de 2013

Ni principio, ni fin, ni nada.

(...)
Y salían palabras de su boca como balas en forma de amapola que traspasaban todo mi ser y me dejaban perpleja ante su tacto aterciopelado.

Me dejaban ese sabor de palabra en los labios que hacía que no pudiese olvidar en ningún momento del día su sabor.

Sabor a manzana.

Y cuando miraba al infinito y sus ojos se fundían con la luz y los colores podías ver un sin fin de sensaciones reflejado en su mirada. Aparecían las sensaciones infinitas que sólo las aparcaba el tiempo de vez en cuando.

Entonces las horas de sol y las de luna, parecían haberse fusionado.

(...)

martes, 18 de diciembre de 2012

Del sueño a la realidad, lo más difícil: Despertar.

La noche trajo sus estrellas y bajo su manto estuve soñando. Poco a poco la luna y sus doncellas dieron paso al sol y el día volvió.
Los días siempre vuelven, qué reconfortante sentir esa fidelidad de la vida.
Hoy es el día y la noche, posteriormente.
Hoy me despegué las mantas, aquellas que me incitan a soñar, y me apresuraron los zapatos para marcar mis pasos. Me chilló la ropa que no soy un animal y el reloj me mostró cómo corría el tiempo.
¡Qué prisa siempre!
Los días siempre vuelven, pero nunca el mismo.
Así que hoy es el día.

Hoy maldeciré otra vez mis alas escondidas, pero volaré con las que imagino tener.
Buscaré la verdad de mis razones, los fundamentos de mi vida y el escondite perfecto para guardarme en soledad(aquella tan dulce que duele).
Tal vez hoy me equivoque o puede que de en el blanco. Pero, ¿qué blanco es el más blanco?
Hoy no quiero nada.
Quiero todo.

Suerte disfrutar del día.
¿Suerte?
Qué me importa definir. Hoy decidí, sobre todo, vivir.
Y al crepúsculo, la luna volverá a invitarme para pasar la noche con ella. Y yo, como siempre, volveré a caer. Rendida entre sus sábanas, agotada de vivir.
Despertar y no sentirla a mi lado. Destrozarme.
Que me consuele el sol, que hoy ha vuelto y merece la pena.


miércoles, 31 de octubre de 2012

Es belleza el dolor.

Había una vez que se encontraba bien.
Había una vez que soñaba.
Hubo muchas veces que lloraba.
Pero, había una vez, una delicada cascada. Una cascada imponente, grande, preciosa... Pero esa cascada suponía una gran caída.
Había una vez una cascada que no estaba acostumbrada a caer tan hondo cada día. No podía entender cómo de estar en lo más alto, caía y caía hasta ahogarse en ella misma.
Pasaban los días y ella no paraba de llorar. Ella quería ser feliz siempre.
Hubo una vez, un día de Sol. Un Sol contento, que observaba el mundo entero despertar. ¡Cómo le gusta!
La cascada lloraba y el Sol le preguntó:
-¿Pequeña, porqué lloras?
La cascada, asombrada porque el Sol le hablaba, contestó con timidez:
-Estoy condenada a hundirme.
Reía el Sol a carcajadas. La cascada lloraba y lloraba, reflejando en sus lágrimas los rayos de esperanza.
-No estás condenada a hundirte. Estás aquí para cautivarnos con tu hermosura, tu sonido, tu olor, con los arcoiris que se forman en tus pies y trepan por tu melena. No llores bonita, es sólo la belleza tu dolor.
La cascada se alegró tanto que, llegada la primavera, más agitaba la melena, llenaba el silencio de su música y disfrutaba al caer cada segundo de su corta caída y largo camino.