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jueves, 9 de julio de 2015

Desesperación

Es cuando...
bueno a ver cómo lo explico.
Es como si
algo parecido a
...

Bah,
paso.



miércoles, 6 de agosto de 2014

Fragmentos inventados de noches olvidadas.

A menudo recuerdo:

(...)

Sacó las llaves del bolsillo cuando giramos la esquina antes de llegar al portal y recordé que yo también lo hacía, cuando estaba en casa. La nostalgia apareció hasta que el sonido de las llaves abriendo el portal me devolvió al momento. Me dejó pasar primero con esa sonrisa que tanto echo de menos para luego cerrar la puerta suavemente.
-¿Preparada?.- Preguntó antes de subir tres pisos por las escaleras.
Asentí poniendo el pie en el primer escalón Vamos, pensé.
Una más, otra más... y en el momento menos pensado él ya me había adelantado.
-¿No era yo la que había empezado primero?
-¡Es que te pesa el culo!.- Decía sacudiendo los brazos como un loco, y yo volví a sonreír como una niña pequeña viendo un payaso con la nariz roja.
Cuando llegamos a la puerta ya tenía las llaves en la mano preparadas para abrir y entrar al paraíso que era su casa. Lo primero que hicimos fue dejar las cosas en la sala y volver a salir de la casa para subir a la azotea y fumarnos un cigarrillo a la tenue luz de la luna. La contaminación lumínica se hacía eco en todos los lugares y nos robaba las estrellas, entonces yo volvía a recordar mi casa...
-¿Y esa cara que pones?
-Intento recordar las estrellas que veo desde mi casa y proyectarlas en este cielo triste... ¡Menos mal de la luna!
Un par de segundos le valieron para devolverme la alegría.
-No es tristeza, es enfado: Castiga a los que vivimos aquí por usar tanta luz. La luna sale porque la naturaleza es sabia...
-¿Y eso que tiene que ver?
-Es una amenaza: "Os hemos quitado las estrellas, os queda la luna, no hagáis que os la quitemos también".
Mil carcajadas salieron de mí. ¿Cuántas veces me hacía sonreír en un día? y sólo llevábamos un par de horas.
Un beso le bastó para decir sin decir: bajemos.

(...)

Y el resto es historia. Fueron noches para recordar de vez en cuando y olvidar cuando se pueda.

Sinceramente, siempre pensé que estaba más pendiente de no perder las llaves de su casa que de no perderme a mi.


martes, 11 de junio de 2013

Carta para nadie de desamor.

Me prometí a mí mismo no hablar nunca de ella pero, por lo visto, no podré cumplir mi propia promesa. Conclusión: No prometas nada cuando tengas el corazón esparcido a la altura de los pies.

Ya debe haber cambiado mucho pero recuerdo su pelo castaño, liso, por los hombros... sus grandes ojos negros y esa sonrisa de sus labios.

Recuerdo grandes conversaciones con ella. Tal vez fuesen estúpidas y carecían de sentido pero sus palabras me tocaban eso que nos hace sentir. Y yo sentía mucho con ella.
Cuando callaba y miraba hacia el horizonte siempre rondaba algo en su cabeza. Yo en silencio la miraba y sólo deseaba que estuviese pensando en mí, en lo mucho que me quería.

Qué ingenuo.

También, cómo olvidarlo, recuerdo y recordaré sus complicaciones. Parecía que su cerebro estaba formado por una cantidad infinita de hilos, puestos paralelamente para evitar conflictos. El problema era que nunca estaban paralelos, siempre había algo estorbando porque ella misma no era capaz de mantener su orden. Se le notaba en los ojos, yo lo notaba, y los dos sufríamos.

Tenía los ojos tan grandes que se la podía ver por dentro. Ella decía que sólo lo lograba yo. Entonces imaginaba que ella también podía hacerlo y siempre estaría conmigo. Porque nos queríamos.

Una tarde de otoño quedó conmigo para despedirse de mi corazón. Salió de él y a mí se me partió en dos.

Mis tardes de otoño fueron un infierno. Pero llegó el invierno y la primavera y el verano y de nuevo volvió el otoño.

Las hojas volvían a yacer en el suelo, como aquél día de la despedida.
Para entonces mi corazón ya se había recuperado.

Aún así ya no era mi corazón. Era mi corazón reconstruido.