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lunes, 22 de diciembre de 2014

Rimas de Bécquer

(...)

Pero a mí lo que más me gustaba era pasear mis uñas por tu espalda, subiendo y bajando, sintiendo cómo te erizabas y escuchaba tu sonrisa. Amaba el sonido de tu sonrisa más que nada en el mundo.

Recuerdo cuando me leías poesía y todo mi alrededor se volvía de color verde y marrón. Estoy convencida de que todo cambiaba cuando esas rimas de Bécquer sonaban con tu voz, yo sonreía y te oía sonreír.
Cuando me abrazabas fuerte, fuerte, tan fuerte, que sentía tu corazón latir y me decía que me quería. Entonces me acariciabas... y yo quería eso, yo no quería un ramo. Yo sólo quería tus caricias.

Nada más me importaba en el mundo cuando nos tapábamos con la sábana, nuestro refugio. Ahí yo no era ciega, ni discapacitada ni tenía una minusvalía. Ahí dentro estábamos tú y yo y nosotros, escuchándonos.
Ahí, todo lo demás, dejaba de tener sentido.

(...)

jueves, 11 de abril de 2013

(...)
Estoy en una cascada. Una cascada, eso es.
En Canadá.
Lejos de Mamá, de él, aun que no sé si de él podría mantenerme lejos. En estos momentos lo dudo.
Pienso en él y ya estoy lejos de todo. Estoy cerca de él.
Aquí, bajo estas catararas siento el tiemplo fluir, deslizándose cuidadosamente por mi cuerpo. Así transcurre hoy el tiempo, sintiendo cada gota. No existen los minutos y demás.
Me gustaría que más gente valorase el tiempo por gotas. Los segundos nos estan matando. "¡Corre! ¡Corre, maldita sea! ¿Que haces parado? ¡El tiempo pasa!"
Cállate.
Y vuelvo a pensar en él. En sus caricias a la mañana... Esos instantes, precisamente ¡Volaron!
Se fueron con nuestros sueños, nos convirtieron en realidad. Pero no sin haber saboreado el cielo.
Pero ya no hay más cascada. Cierro el grifo y vuelan mis pensamientos.
(...)

domingo, 31 de marzo de 2013

Capítulos de una vida.

(...)

-¡No! ¡No quiero estar sin ti  aunque pueda estarlo!. Me niego a renunciar a una persona que me llena, que me enseña y aprende.Quiero quedarme a tu lado, sentirte cerca y poder tocarte siempre que se me antoje.
Me gusta escucharte. Sobre todo cuando me susurras al oído alguna tontería, sentir que sonríes en un beso, notar tus manos buscándome, tan perdidas como las mías.
Me siento llena contigo, no pienso renunciar a todo lo que hemos construido simplemente porque tengas miedo.
Yo no lo haré pero, si lo haces tú, es otra cosa.

Entonces vi como ella, sin ver nada, bajaba la mirada. Ella tenía miedo de que yo sí pudiese renunciar. El mismo miedo que yo.

Cuántas veces imaginé éste momento. Pero imaginarlo no servía de nada, fue peor cuando ocurrió.
Me encontraba entre la espada y la pared, pero sin espada ni pared. 
Yo tenía miedo, pero la quería. ¡Qué iba a saber yo de relaciones así! No estaba acostumbrado y el temor se apoderaba de la situación.

-Yo no quiero renunciar a ello, Luz, pero ya sabes que llegaría a este punto.

-No te mientas, yo no sabía nada.

Siempre estaba igual, no te mientas. Cuánto puedes llegar a odiar una verdad. Me sentía despreciable, pero realmente no sabía si continuar con la relación iba a ser lo más seguro para los dos.
Entonces, ella intervino de nuevo, rompiéndome todos los esquemas, entrando en lo más profundo de mis sentimientos, dándome una patada giratoria justo en el corazón.

-Voy a luchar por esto. Sabes que para mí, la vida se basa únicamente en luchar por uno mismo, adaptándose a las circunstancias. Me adapté a ti y he estado luchando por los dos tanto como he luchado por mí. No voy a dejar que la situación se vaya, no se trata de hojas en otoño, sino de las raíces que permanecen.
Luchar por algo que deseas es como dejar marchitarse la flor más preciosa de la primavera: inevitable.

(...)

jueves, 21 de febrero de 2013

Ni principio, ni fin, ni nada.

(...)
Y salían palabras de su boca como balas en forma de amapola que traspasaban todo mi ser y me dejaban perpleja ante su tacto aterciopelado.

Me dejaban ese sabor de palabra en los labios que hacía que no pudiese olvidar en ningún momento del día su sabor.

Sabor a manzana.

Y cuando miraba al infinito y sus ojos se fundían con la luz y los colores podías ver un sin fin de sensaciones reflejado en su mirada. Aparecían las sensaciones infinitas que sólo las aparcaba el tiempo de vez en cuando.

Entonces las horas de sol y las de luna, parecían haberse fusionado.

(...)