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lunes, 22 de febrero de 2016

Avanzar.

No
quiero
seguir
luchando
contra
algo
que
aun
no
por
qué
sigue
dañándome.

Quiero
parar
de
llorar
porque
no
qué
me
duele.

Quiero
que
todo
cese.

Me
quiero
ir
al
mar.


sábado, 13 de febrero de 2016

La carrera de la vida.

Saltar una tras otra
correr sin mirar atrás
sabiendo que me persigue.

Miro hacia delante
veo la mano que me sujeta
me agarro

pero no es suficiente
deslizo de ella
toco el suelo de nuevo

vuelvo a saltar
una tras otra
sabiendo que me persigue.

Yo solo quiero llegar a la meta:
Sobrevivir.


domingo, 6 de septiembre de 2015

Mar, tinta y corazón

Siempre con la misma historia cada vez que huyes. El paisaje, los colores, ese azul y la sonrisa queda lejos. Parece que el viento te arranca el corazón de un suspiro, parece que tus ojos cierran las ventanas.
Echas la mirada atrás y no es tristeza lo que sientes, sino frustración de no encontrar el equilibrio perfecto entre ayer y mañana porque hoy estás muy ocupada pensando en otras cosas.

Al final todo vuelve a su cauce, ese instinto no se va y parece no tener intención de hacerlo mañana. Y todo baja, cual río cayendo, siguiendo la pendiente. Casi como tú.
Ya no hay muñecas que valgan, ni comida que huya, ni dolores que sanen... Tú siempre estarás ahí, frente al acantilado dudando.
Siempre dudando.

Entre dar el paso o salvarse.

jueves, 9 de julio de 2015

Desesperación

Es cuando...
bueno a ver cómo lo explico.
Es como si
algo parecido a
...

Bah,
paso.



martes, 10 de febrero de 2015

Libertad herida.

Si tuviese que describir mi vida en un momento, hablaría del 19 de Noviembre de 2012.

Recuerdo que me metí en el baño hiperventilando, con las manos en la cabeza intentando relajarme. Me miré al espejo y no vi más que la cara de una loca enfermiza: Los ojos muy abiertos, los labios con la piel escamada y unas ojeras que resaltaban demasiado con el color blanco de la cara. La hipervetilación no cesaba e intenté parar el movimiento de mi pecho con las manos. Me apoyé en la pared y poco a poco fui deslizándome hasta tocar el suelo y quedar completamente tumbada.
El techo parecía tan lejano... intenté cerrar los ojos y calmarme. Y ahí lo vi todo.

De repente, mi mente creó el peor escenario en el que yo podía encontrarme:
Estaba desnuda ante toda esa gente... Conocidos y desconocidos no paraban de reírse de mí y yo no tenía manera de escapar. Sé que bajé unas escaleras en las que nunca cambiaba de lugar y la gente aún podía verme y seguir divirtiéndose con la escena. Chillé, pedí auxilio... De repente me paré, miré a cada uno de aquellos que conformaban el público y dije adiós. Como si de una camisa se tratara, desgarré mi pecho con las uñas, haciendo un surco del cual salieron millones y millones de mariposas negras. Pero de poco sirvió mi asombro cuando percaté que esas mariposas daban dos aleteos y caían desvanecidas sobre mis pies. Mi adiós no había servido para nada, me tiré contra las tablas de aquel escenario y empecé a llorar.

Abrí los ojos y vi aquel techo tan lejano de nuevo...


Como todo, excepto las ganas de destruirme.

martes, 28 de mayo de 2013

Un sol, un cielo y mil maneras de desaparecer.

Recuerdo aquella tarde observando la puesta de sol entre las montañas.

En aquel instante, me vinieron a la mente las puestas de sol en el mar de mi infancia y me di cuenta de que había una gran diferencia:

Nuestras diferencias.

Uno cae al mar, apagado, rendido, delatado por la luna. Sin ganas de luchar. Sólo uno es delicado para dejar su esencia.

Otro, se esconde tras las montañas, dando paso al tiempo, impotente, con ganas de salir, dejando su rastro de luz. Duro.

Después de mi metáfora me pregunté de qué manera podíamos convivir.

Justo después de la pregunta, decidí hacerla retórica.
No quería contestarla.

No todas las preguntas deben ser respondidas.

Ahora sólo me pregunto que día cambiaremos los dos.

De manera retórica, también.