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domingo, 31 de mayo de 2015

Realidad

Hoy decidí volver a verla, quedamos para tomar dos latas de cerveza y fumar un par de cigarrillos mal liados. En aquel banco del puerto corría la brisa marina, la humedad erizaba su melena y el olor era fresco y agradable.
Hacía tiempo que no pasaba una tarde así, al llegar a casa concluí que debía hacer eso más a menudo. Tuvimos varias conversaciones interesantes, de vez en cuando algún tema recurrente sin importancia, como las últimas elecciones municipales y autonómicas. Con ella podías hablar de la realidad, de uno y de otro siempre desde la perspectiva del ser, del movimiento de la vida: lineal o circular, de la duda de la verdad y, también, de uno mismo y sus carencias. De este último ella solía evitarlo y yo no pretendía que se tratara, sólo dejaba que la conversación fluyese en cuanto a nuestras necesidades e inquietudes.
Hubo un momento en el que me preguntó por una carencia, me dio pie a que yo pudiera describir la que más quisiera y en seguida lo tenía claro:

Esa media luna de su cara, aquella que ilumina mis noches. Sus manos como olas en mi espalda, el susurro del viento tras de mí. Ese contraste de sus ojos en el que juegan dos colores. Las palabras de terciopelo ocultando sus temores y sus dudas. Ese río que siento en mi pecho cada vez que me sonríe. La felicidad de tenerlo cerca.

Pocas veces ella se quedaba en silencio después de escucharme para reflexionar. Me esperaba una respuesta clara y concisa, pero me dijo: 

Pues lo que es la realidad.

sábado, 17 de enero de 2015

Mar

Hace poco me asomé por la ventana. Era de noche y llovía. Yo sólo quería respirar tranquilamente pero de repente la lluvia se convirtió en un imán y miles de recuerdos se amontonaron en mi cabeza.

No sé qué pasa pero la melancolía no me visita: me agrede. No llama, entra, me empuja y me incita a la tristeza. Sumisa, la dejo pasar, me dejo caer, me pongo a llorar y me dejo llevar por todos los recuerdos, parándome en aquel que, incluso cuando llovía, olía a mar.

Entonces sólo podía ver la mar, la misma que me acunaba, protegía y dejaba ser libre.

Y es que el mar

es sólo 

para

a

mar
.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Eivissa.

Si con una mirada pudiese decirlo todo
cerraría los ojos.
La sonrisa que se esconde tras los días
son las constelaciones de tu cielo.

Y el recuerdo me hace sufrir
al abrir las manos
y tener nada.

Si sólo una vez bastara para volver
me quedaría atrapada en las sábanas.
No quiero despertar de este sueño
que oculta mi realidad.

Los sentimientos del pasado
se atascaron
en este corazón
desarmado.

Si de melancolía no se puede vivir
dime tú que hago aquí
bebiéndote
to
mando
té.

Y no es por ti
es por mí.

Si recuperarte son crepúsculos de domingo
perderte es la noche ruidosa en la ciudad.
Ese olor a sal, la tierra mojada,
sentido de la vida junto a ti.

Porque para huir de ti
sólo puedo
huir
de
mí.

viernes, 31 de octubre de 2014

Hola y adiós.

Igual que el viento de otoño acompañando a la hoja:
Aparece y se va, nunca queda.

Como el mar, incesante oleaje en la tormenta de agosto:
Va y viene.

Aquella alegría de la infancia creando el castillo de arena:
Estuvo y se fue.

Recordando el sabor de aquellos labios de sabor manzana:
Besaron y marcharon, sin darte cuenta.

El tiempo que saluda y se despide, nunca para a charlar.
El tiempo que se lleva lo que había, no lo devuelve.
El tiempo que deja la vida correr, no cesa.
El tiempo que cambia las cosas de sitio, no rectifica.

El tiempo.
El maldito tiempo.
Ojalá entendiera el tiempo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Fragmentos inventados de noches olvidadas.

A menudo recuerdo:

(...)

Sacó las llaves del bolsillo cuando giramos la esquina antes de llegar al portal y recordé que yo también lo hacía, cuando estaba en casa. La nostalgia apareció hasta que el sonido de las llaves abriendo el portal me devolvió al momento. Me dejó pasar primero con esa sonrisa que tanto echo de menos para luego cerrar la puerta suavemente.
-¿Preparada?.- Preguntó antes de subir tres pisos por las escaleras.
Asentí poniendo el pie en el primer escalón Vamos, pensé.
Una más, otra más... y en el momento menos pensado él ya me había adelantado.
-¿No era yo la que había empezado primero?
-¡Es que te pesa el culo!.- Decía sacudiendo los brazos como un loco, y yo volví a sonreír como una niña pequeña viendo un payaso con la nariz roja.
Cuando llegamos a la puerta ya tenía las llaves en la mano preparadas para abrir y entrar al paraíso que era su casa. Lo primero que hicimos fue dejar las cosas en la sala y volver a salir de la casa para subir a la azotea y fumarnos un cigarrillo a la tenue luz de la luna. La contaminación lumínica se hacía eco en todos los lugares y nos robaba las estrellas, entonces yo volvía a recordar mi casa...
-¿Y esa cara que pones?
-Intento recordar las estrellas que veo desde mi casa y proyectarlas en este cielo triste... ¡Menos mal de la luna!
Un par de segundos le valieron para devolverme la alegría.
-No es tristeza, es enfado: Castiga a los que vivimos aquí por usar tanta luz. La luna sale porque la naturaleza es sabia...
-¿Y eso que tiene que ver?
-Es una amenaza: "Os hemos quitado las estrellas, os queda la luna, no hagáis que os la quitemos también".
Mil carcajadas salieron de mí. ¿Cuántas veces me hacía sonreír en un día? y sólo llevábamos un par de horas.
Un beso le bastó para decir sin decir: bajemos.

(...)

Y el resto es historia. Fueron noches para recordar de vez en cuando y olvidar cuando se pueda.

Sinceramente, siempre pensé que estaba más pendiente de no perder las llaves de su casa que de no perderme a mi.


domingo, 4 de mayo de 2014

Pequeño poema melancólico.


Velero parado en el mar
silueta frente al crepúsculo.
Presente el continuo anhelo
de no volver a recordar.

Olas fuertes cuando pasas,
olas suaves cuando te vas
pero siempre
olas en el mar.

Brisa marina que inspiro
velero que en el fondo se mantiene.
Yo sólo resoplo, miro:
Y cuando cierro los ojos
desvanece.



martes, 21 de enero de 2014

Hojas de otoño que pasan por mi ventana.

Está lloviendo y observo por la ventana cómo los charcos tiemblan mientras te recuerdo y surge un sentimiento que no sabría etiquetar. No te echo de menos, no me faltas, me molestan los recuerdos.
La luna saliendo a llamaradas del mar, el sabor de manzana...

Pero mi vida ya no es como antes, ya no está vacía sin ti, la llené yo misma con las ilusiones que debí buscar tiempo atrás, con metas que quiero llegar a alcanzar y esperanzas vivas.

Aún así te recuerdo y no puedo evitar que se me llene el estómago de anhelos, de cosas que fueron y dejaron de existir. Recuerdo los momentos que pasé cuando desapareciste y me doy cuenta de que en una semana recuperé todo lo que no había conseguido tener.

Miro por la ventana y aún caen hojas de otoño sobre los charcos.
Hojas que ya fueron funcionales en su momento pero que reaparecen de la nada, recordando que el otoño existe y ya pasó.

jueves, 4 de abril de 2013

Palabras perdidas en sombras recónditas.

No era el amanecer más claro,
ni la tarde de otoño riendo entre tus brazos.
No había gotas de rocío,
ni paseos largos por el río.
La luna no se asomaba,
ni esperaban las horas para dar el alba.
Mis manos no recorrían tu espalda,
ni luchaban por nuestras miradas a capa y espada.
Sin luchadores,
perdedores.
Te perdí.
Te perdí como los pétalos de margarita:
Que por dar paso al azar, sopla el viento y te los quita.