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jueves, 16 de marzo de 2017

Segunda fase.

Me desnudo entre cuatro paredes
y ya no tiemblo,
Me miro al espejo sin miedo,
sin horrores que me chillan a la cara
que esa no soy yo.

No me arranco la piel
no sueño con no despertar.
Amo mis heridas,
me las curo.

Puedo amarte sin odiarme
y puedo perdonarme.
Sé decir te quiero cada noche
y sonreír al despertar.

Soy caminante en marcha
no es camino
sino rumbo.

No limito mis pasos,
si quiero tuerzo,
corro
o paro a mirar atrás
pero nunca invierto el trecho.

Me permito caer
me permito llorar
me permito sonreír
y me vuelvo a levantar.

Mis palabras no son más
que la lucha diaria
de aceptar
amar
y perdonar(me).



sábado, 11 de febrero de 2017

Caminar.

Hacía mucho que no venía. Tal vez sea verdad que una no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero resulta hasta excitante volver a poner las manos sobre un teclado para crear, recordar, o simplemente, perdonar, (re)armonizar...

El dolor de mi pecho al despertar, el peso de mi espalda al levantarme y los números que determinarían mi felicidad. Las escapadas, el humo, la risa fácil. La música fuerte, las emociones a flor de piel, las heridas reabiertas. Mirarme en el espejo y no querer ver, los insultos, las peleas. No encontrar la paz en ningún lado, crear cualquier excusa para que detonara la guerra, hiperventilar, querer morir el domingo. La pequeña cicatriz en la mano para recordar no levantar la manga. Convertir comida en números. La llegada del verano, el temor, cambiar brazos por piernas. Las lágrimas, el alcohol, las uñas en mi boca...

Volver a la calma nunca fue fácil, pero sí reconfortante. Hoy paro a ejercitar mi paz, a pedirme perdón, a aceptar mi pasado y a reconciliarme con él...

Caminar por la avenida quince siempre es caminar por mi interior, duro, complicado pero gratificante.

lunes, 22 de febrero de 2016

Avanzar.

No
quiero
seguir
luchando
contra
algo
que
aun
no
por
qué
sigue
dañándome.

Quiero
parar
de
llorar
porque
no
qué
me
duele.

Quiero
que
todo
cese.

Me
quiero
ir
al
mar.


sábado, 13 de febrero de 2016

La carrera de la vida.

Saltar una tras otra
correr sin mirar atrás
sabiendo que me persigue.

Miro hacia delante
veo la mano que me sujeta
me agarro

pero no es suficiente
deslizo de ella
toco el suelo de nuevo

vuelvo a saltar
una tras otra
sabiendo que me persigue.

Yo solo quiero llegar a la meta:
Sobrevivir.


miércoles, 5 de marzo de 2014

Doce y cero seis del cinco del tres de dos mil catorce.

Sensación de volar:
Anhelo de muchos humanos.
Liberado de motores y bienes.
Más cerca de la luz del sol,
más cerca de una pequeña y minúscula idea
de lo que puede ser la libertad.

Sueños que pueden alcanzarse,
sentimientos que llenan, en vez de destruir:
Anhelo de muchos humanos.
Rozando la felicidad
sin miedo a lo que el mañana pueda traer
pues hoy es lo único que importa.

Palabras que tocan en lo profundo del ser:
Anhelo de muchos humanos.
Despertar sin recordar el pasado que nos hirió,
saber que nunca más volverá y que
es posible recordarlo sin dolor.

Escribir sin pausa,
todo lo que se me ocurre,
plasmar mis pensamientos
y no pensar en nada más que
ser dueña de mis ilusiones alcanzables.


martes, 21 de enero de 2014

Hojas de otoño que pasan por mi ventana.

Está lloviendo y observo por la ventana cómo los charcos tiemblan mientras te recuerdo y surge un sentimiento que no sabría etiquetar. No te echo de menos, no me faltas, me molestan los recuerdos.
La luna saliendo a llamaradas del mar, el sabor de manzana...

Pero mi vida ya no es como antes, ya no está vacía sin ti, la llené yo misma con las ilusiones que debí buscar tiempo atrás, con metas que quiero llegar a alcanzar y esperanzas vivas.

Aún así te recuerdo y no puedo evitar que se me llene el estómago de anhelos, de cosas que fueron y dejaron de existir. Recuerdo los momentos que pasé cuando desapareciste y me doy cuenta de que en una semana recuperé todo lo que no había conseguido tener.

Miro por la ventana y aún caen hojas de otoño sobre los charcos.
Hojas que ya fueron funcionales en su momento pero que reaparecen de la nada, recordando que el otoño existe y ya pasó.

martes, 10 de diciembre de 2013

Sin ti en el silencio humeante.

Tengo una vela verde encendida a mi izquierda y el cenicero a la derecha. Tres colillas apagadas y un cigarrillo en la mano que humea constantemente, llenando la habitación de mi única compañía.
Estoy debatiendo entre describir la poesía o escribir la poesía. Entonces paro y reparo en que no sé hacer nada de eso. Necesito una buena metáfora.

Y como si de un deseo concedido al genio de la lámpara, me vienes a la cabeza.

Como Béquer, poesía eres tú.

Me llenas la boca de palabras que no sé expresar, revuelves mi cabeza cada vez que te escucho, rompes mis patrones, haces que quiera volar y me llenas el corazón de emociones.

El cigarro consumido y yo consumiéndome.
Todo es tan contrario. 

Soy el hierro que se fundió con tu calor.

Eres la pérdida de mis anhelos.
Mi poesía.

Y mi futura despedida.

Vuelvo a leer lo que escribí, sonrío al ver que he hecho lo que proponía hacer. Me siento (no del todo) satisfecha. La sonrisa desaparece y se convierte en un suspiro que apaga la última luz de la habitación.
Sutil metáfora de mi esperanza en cuanto a ti.


viernes, 5 de julio de 2013

Título de la entrada.

Estás en frente de la puerta. Te noto nerviosa, estas cosas no te gustan, ¿Verdad?. ¿A caso a alguien le gusta entrar en la consulta del psicólogo para que te digan todo lo que tú ya sabes?
Mantén la esperanza.
Lo único que no sabías era que la esperanza podía mantenerse. Pero tú ya no tienes esperanza alguna.

Entonces entras. Te sientas frente a la señora de grandes ojeras. Una psicóloga cansada, que a penas duerme, te repite todo lo que hay en tu cabeza. Sólo quieres intentar explicarle ese dolor del pecho que no se marcha pero ella te repite lo normal que es.
Quieres que desaparezca, para siempre. Que nunca más vuelva, que los antidepresivos no tapen el dolor. Sólo que se vaya y no regrese.

Como hizo él.