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sábado, 11 de febrero de 2017

Caminar.

Hacía mucho que no venía. Tal vez sea verdad que una no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero resulta hasta excitante volver a poner las manos sobre un teclado para crear, recordar, o simplemente, perdonar, (re)armonizar...

El dolor de mi pecho al despertar, el peso de mi espalda al levantarme y los números que determinarían mi felicidad. Las escapadas, el humo, la risa fácil. La música fuerte, las emociones a flor de piel, las heridas reabiertas. Mirarme en el espejo y no querer ver, los insultos, las peleas. No encontrar la paz en ningún lado, crear cualquier excusa para que detonara la guerra, hiperventilar, querer morir el domingo. La pequeña cicatriz en la mano para recordar no levantar la manga. Convertir comida en números. La llegada del verano, el temor, cambiar brazos por piernas. Las lágrimas, el alcohol, las uñas en mi boca...

Volver a la calma nunca fue fácil, pero sí reconfortante. Hoy paro a ejercitar mi paz, a pedirme perdón, a aceptar mi pasado y a reconciliarme con él...

Caminar por la avenida quince siempre es caminar por mi interior, duro, complicado pero gratificante.

jueves, 24 de abril de 2014

Hoy hay tormenta, fuera.

Paradójicamente, las noches más silenciosas son las más ruidosas. Atravesando el cristal se empaparían hasta los pensamientos y retruena a lo lejos. Aquí dentro el sonido es tenue, un hilo musical recorre la habitación, el aire se siente suave y sabe dulce. A veces la soledad es la mejor compañía y tengo la sensación de acostumbrarme poco a poco.

A menudo tiemblo por las noches y caigo de la rama del árbol que me sujeta, me balanceo allí y allá pero siempre para acabar en el mismo lugar: en el suelo. Cuántas veces deseé que nunca llegara el momento de topar con el límite impuesto. Imposiciones, sólo imposiciones... Yo quiero seguir flotando sola!!

Sé que la soledad duele, sólo algunas veces. Pero ésta no me molesta ni un poco, me agrada y la disfruto. Sola crezco sin coercion. Sola, muchas veces soy libre.

Respiro, inspiro y sonrío.

Después de todo, hoy no soy una hoja. Hoy soy un mar calmado viendo el sol ponerse mientras fuera llueve y truena.

Todo está en un caótico orden.


martes, 18 de febrero de 2014

Problemas del "primer mundo".

En la habitación hacía quince grados. Eso marcaba el termómetro de la pared.
Era viernes y el exterior marcaba cinco. Diez grados de temperatura me separaban de la noche que venía a continuación.
No sé cómo pero me convencieron. Aún así no paraba de cuestionarlo cada minuto que pasaba y marcaba el reloj, aquel que estaba adelantado veinticinco minutos. La semana anterior veinte y la anterior a la anterior, quince. Yo no sabía qué le pasaba pero, por lo visto, tenía prisa.

Le eché valor, me desvestí y abrí el armario en busca de algún milagro. No voy a decir que me puse lo primero que pillé. Creo que me cambié como cuatro veces de modelito. Los vaqueros negros y la camisa verde a cuadros ganaron la batalla.
Por última vez, me miré al espejo y me convencí de que no iba a cambiarme más de ropa.

Frente a él repetí varias veces Pero... ¿Porqué tengo esta maldita cara?. A la tercera estuve a punto de llamar y decir que no iría, pero vi el eye-liner, el rímel y el pintalabios rojo. Tal vez pueda remediarlo con estos potingues de magia negra. Y, hecho el conjuro, volví a convencerme.
Al pelo, mi otro enemigo, le hice caso omiso. Me peiné y dejé que se despeinara de nuevo a su libre albedrío. No tenía ganas de discutir más.

Último vistazo al espejo, decepción total. Me enciendo un cigarrillo. Bueno, qué más da.
El parecer una malota hacía que pudiese interiorizar el personaje y todo me daba igual: sé que soy estupenda.
Música para animar la habitación, botas como complemento principal para finalizar el look. Mochila, llaves, tabaco, potingues anti-naturalidad y dinero.

Estaba lista. Todo volvía a estar perfecto: no tenía que decidir nada más, sólo salir por la puerta y disfrutar de la noche.
Iba a pillarme la borrachera del siglo hasta olvidar quién era y, si había suerte, no volver a recordarlo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Recuerdos nocturnos de un pensador resucitado.

En la noche más larga, sintió la tranquilidad.
Ésa noche, el tiempo pasaba a su favor.

En la noche que duró días, él estaba sentado frente a la ventana, viendo el mar y escuchando las olas hablar con la orilla. Veía la Luna, iluminando hábilmente el cielo para, aún así, ser ella el centro de atención.

Pasó horas despierto, frente a la ventana. Incapaz de conciliar el sueño de lo feliz que era.
A menudo, ser feliz no le permitía dormir. Era feliz y maquinaba cómo serlo cada vez más, junto a la estampa nocturna y la Luna como musa.

En la noche que siempre recordará, decidió por primera vez ser dueño.
Ser dueño de sus tristezas.
Ser dueño de sus alegrías.
De su felicidad.
Pero, ser él, el principal y único responsable de sus actos y sus consecuencias.


Así siempre sería capaz de recordar el cuadro de aquella noche.
La noche en la que mar, cielo y Luna se reunieron para inspirar al más triste de los hombres.


martes, 18 de diciembre de 2012

Del sueño a la realidad, lo más difícil: Despertar.

La noche trajo sus estrellas y bajo su manto estuve soñando. Poco a poco la luna y sus doncellas dieron paso al sol y el día volvió.
Los días siempre vuelven, qué reconfortante sentir esa fidelidad de la vida.
Hoy es el día y la noche, posteriormente.
Hoy me despegué las mantas, aquellas que me incitan a soñar, y me apresuraron los zapatos para marcar mis pasos. Me chilló la ropa que no soy un animal y el reloj me mostró cómo corría el tiempo.
¡Qué prisa siempre!
Los días siempre vuelven, pero nunca el mismo.
Así que hoy es el día.

Hoy maldeciré otra vez mis alas escondidas, pero volaré con las que imagino tener.
Buscaré la verdad de mis razones, los fundamentos de mi vida y el escondite perfecto para guardarme en soledad(aquella tan dulce que duele).
Tal vez hoy me equivoque o puede que de en el blanco. Pero, ¿qué blanco es el más blanco?
Hoy no quiero nada.
Quiero todo.

Suerte disfrutar del día.
¿Suerte?
Qué me importa definir. Hoy decidí, sobre todo, vivir.
Y al crepúsculo, la luna volverá a invitarme para pasar la noche con ella. Y yo, como siempre, volveré a caer. Rendida entre sus sábanas, agotada de vivir.
Despertar y no sentirla a mi lado. Destrozarme.
Que me consuele el sol, que hoy ha vuelto y merece la pena.