lunes, 29 de septiembre de 2014

La palabra efímera suena muy bien.

Cuando no hay nada que contar, todos los días son otoño.
Cuando hay algo que contar, parece primavera.

Los días vuelan o pesan.
Los minutos no existen,
los minutos son vidas.

Cuando no hay nada que contar, me siento vacía y atrapada.
Cuando hay cosas que contar, vivo y soy libre.

Pero a veces,

(casi todas las veces)
siento que si no cuento nada
es porque tengo demasiado que contar.