lunes, 24 de abril de 2017

Poesía corta marítima en prosa.

No hay reencuentro sin un poco de melancolía. Sentirse azul como el mar era normal pero nunca fue tan azul como aquel día en la orilla. Paso a paso dejaba atrás la montaña de emociones y se adentraba en la profundidad de la calma, de la vida, del sentir sin pensar. Encontrándose

Azul, como Rubén Darío, era poesía en aquel mar.

jueves, 6 de abril de 2017

Estado desánimo.

A veces la abrumadora existencia de una misma
choca con la abrumadora rutina para llenar el vacío
de un cuerpo frágil
de una mente ocupada
de un alma huidiza.

Entones, en esos a veces de abrumadora existencia,
me refugio en mi más
dulce
cálida
y acogedora soledad,
para suspirar
sin ser
aspirada.

jueves, 16 de marzo de 2017

Segunda fase.

Me desnudo entre cuatro paredes
y ya no tiemblo,
Me miro al espejo sin miedo,
sin horrores que me chillan a la cara
que esa no soy yo.

No me arranco la piel
no sueño con no despertar.
Amo mis heridas,
me las curo.

Puedo amarte sin odiarme
y puedo perdonarme.
Sé decir te quiero cada noche
y sonreír al despertar.

Soy caminante en marcha
no es camino
sino rumbo.

No limito mis pasos,
si quiero tuerzo,
corro
o paro a mirar atrás
pero nunca invierto el trecho.

Me permito caer
me permito llorar
me permito sonreír
y me vuelvo a levantar.

Mis palabras no son más
que la lucha diaria
de aceptar
amar
y perdonar(me).



sábado, 11 de febrero de 2017

Caminar.

Hacía mucho que no venía. Tal vez sea verdad que una no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero resulta hasta excitante volver a poner las manos sobre un teclado para crear, recordar, o simplemente, perdonar, (re)armonizar...

El dolor de mi pecho al despertar, el peso de mi espalda al levantarme y los números que determinarían mi felicidad. Las escapadas, el humo, la risa fácil. La música fuerte, las emociones a flor de piel, las heridas reabiertas. Mirarme en el espejo y no querer ver, los insultos, las peleas. No encontrar la paz en ningún lado, crear cualquier excusa para que detonara la guerra, hiperventilar, querer morir el domingo. La pequeña cicatriz en la mano para recordar no levantar la manga. Convertir comida en números. La llegada del verano, el temor, cambiar brazos por piernas. Las lágrimas, el alcohol, las uñas en mi boca...

Volver a la calma nunca fue fácil, pero sí reconfortante. Hoy paro a ejercitar mi paz, a pedirme perdón, a aceptar mi pasado y a reconciliarme con él...

Caminar por la avenida quince siempre es caminar por mi interior, duro, complicado pero gratificante.