lunes, 20 de mayo de 2013

El día de mi no-muerte.

Recuerdo aquel día como si fuera ayer.

Yo no era soldado, pero fui  destinado a luchar en la guerra contra el bando comunista.
No estaba en mi lugar. Me sentía desplazado y, sobre todo, tuve mucho miedo. Fue un miedo cumplido.
En algún momento que no recuerdo, ni llegaré a recordar, una bala de calibre 38 disparada por un revólver Magnum me atravesó la cabeza.

La gente iba diciendo que yo había muerto luchando por el país. ¿Qué tontería era esa? Yo había muerto porque me habían atravesado con una bala. Qué estupideces se pueden llegar a escuchar a lo largo de tu no-vida.

Aún así, yo no morí ese día. De hecho, aún no me he muerto y dudo que algún día pueda llegar a morir
Mucho antes de ir al frente, yo era escritor. !No era soldado!

"Soldado, Sol dado. Te dan el Sol, el Sol me es dado". Reflexionaba todas las noches. ¿Cómo a alguien que se dedicaba a matar le podían dar el sol?. Una noche de verano, conseguí responder mi pregunta: El mundo está mal comprendido.

Yo, que era escritor, no fui capaz de darme cuenta de esa verdad hasta que no estuve matando. !Qué mal comprendido está el mundo!

Mis libros relataban metafóricamente mis vivencias, creencias y opiniones ocultas en un mar tempestuoso de tramas.
Recuerdo los días en que la inspiración me llegaba, de repente, sin avisar a la puerta. Entonces, le daba la bienvenida y la dejaba volar otra vez.
"Si consigues un pájaro, déjalo libre. Si no regresa nunca fue tuyo, si no es el caso, te pertenecerá para siempre" Me dijo mi abuela.
Eso es lo que yo hacía con la inspiración. Atraparla entre mis manos y soltarla de nuevo.

Ella siempre volvía.

(...)