
Se levanta. Abre las cortinas de la habitación. El sol penetra de lleno en la estancia. Lo echaba de menos se dice para sus adentros. Sonríe, parece que al fin todo empieza a ir bien. Deja de mirar por la ventana y va a la cocina. Abre el armario, saca el bote, coge un poco y empieza a liarse un porro. Lo enciende, le da una calada. Esto empieza a ir mejor dice. Se dirige a la terraza donde el sol le da de lleno en la cara y cierra los ojos, escuchando, saboreando, sintiendo. La alegria se hace cenizas. El teléfono suena, no hace caso. La ducha se abre, el agua recorre su cuerpo y los pensamientos se alejan con ella. El sol sigue brillando, pero para ella vuelve a llover, como en los días anteriores cuando el sol simplemente era la palabra
tú.